
Después de la tormenta viene la calma o tal vez después de la curda (la misma del escrito de la semana pasada) viene la arepa. Hay sendos caminos que te llevan a ella, la av. Bolívar o la av. 6. Todo los caminos conducen a Roma pero en estas siete colinas van directo a una gama de sabores mezclados entre si como piezas que jamás encajan, tal como lo reza Cerati en sus colores santos. Es un rito después de ese barranco llegar antes de que muera el aguacate o la carne “mechada”; nos mata cuando Caracas nos dice con su dialecto capitalino “murieron padre será pa’ mañana” eso es casi un golpe en el hígado que ya viene trastocado de tanto libe, solo queda bajar o subir teniendo en cuenta que el límite es la Eloísa Fonseca para disfrutar de nuestras autóctonas mataperros. Quién fue el creador? NPI lo cierto es que yo nací comiendo las de Felipe con una “frescolita” de su expendedora automática (pura tecnología) y si no le pones picante no eres un hombre te dicen los que se bajan del taxi o del carro del pana que nos dio la cola. ¿Quién no ha visto a las hembras de la crema y nata valerana deborándose una arepilla con su vestido de gala y su peinado de doscientas lucas?, o al ejecutivo que después de la reunión lo mata el hambre y mete su corbata en la cuajada trujillana revuelta con mayonesa. Pero la historia no es solamente nocturna en las tardes hay quienes a golpe de cuatro se vuelcan en masa a la calle 10 para experimentar con las arepas del gordo (en un tiempo mis favoritas) donde cual restaurant existen mesas y la cocina es el simple carrito de mataperros con su molde doblado y negro de tanta candela causado por las hornillas improvisadas con una bombonita estilo camping. Hay para todos los gustos por ejemplo Ramón el de la esquina de Edivica III tratando de competir con las inconfudibles mataperros saca de su cava “Coleman” las redondas de una bolsita plástica pero esta vez teniendo la oportunidad de escoger entre 3 sabores: chicharrón, pollo, o carne “mechada” donde su tope es de una lonja de jamón de espalda y dos cucharones de queso rallado. Estas variaciones de última hora no cambiarán la autenticidad de una buena mataperro mortadela, tomate, carotas, carne, cuajada, carne “mechada”, mayonesa, son los ingredientes más llamativos, teniendo en cuenta el envase de plástico “tupperware” con una cuchara de mango doblado para darle el picante sabor a la arepa. No importa si fue una o dos, o el filo era tan grande que te metiste hasta cinco; lo importante es que nadie absolutamente nadie que viva rodeado de estas montañas puede decir que no se ha mandando una mataperro y si estás leyendo esto y no te has engullido la primera, ve entonces corriendo a buscar la tuya antes que se acabe el aguacate o la carne “mechada” y si no lo hiciste o dudas en hacerlo, prepárate para salir de nuestra historia, la historia de Valera y sus famosas MATAPERROS.
