Es primero de
enero 2018, comienza un nuevo año, se trazan nuevas metas, pese a la crisis
venezolana todos se llenan de optimismo y fe, se acerca la fecha para adorar al
Niño Jesús de Escuque y para recibir de nuevo a la Divina Pastora que sale de
Santa Rosa para visitar Barquisimeto. Trasnochados y extrañados por no haber
visto ni escuchado pirotecnia como en años anteriores, (como en todos y cada
uno de nuestros años vividos), solo se comenta, solo se dice cuando saldremos
de esto. Los que viajaron retornan a sus casas unos llenos de alegría y otros
con mucha tristeza, otros simplemente vieron el rostro de sus seres queridos transformados
en código binario.
El dos de
enero, nos dimos cuenta en nuestro caso, que no solo retornábamos a nuestra
casa los que fuimos a compartir con unos familiares, sino que venía un
visitante ajeno un polizón y aunque viajaba en el mismo carro, venía incrustado
en la piel de uno de nosotros, sin percatarnos que nos haría conocer la
verdadera realidad de Venezuela.
El tres de
enero, pude ver como una simple picada (creemos que de un zancudo) comienza a
aumentar significativamente de tamaño, dejando de ser un simple punzón a una enorme
y rojiza de mucha comezón, pero que a nuestros ojos solo ameritaba una “cremita
para la piel”.
Llegó el
cuatro de enero hace cuatro años un día de mucha felicidad para la familia, pues
se celebraba el cumpleaños del viejo Carlos Silva quien no se encuentra con nosotros pero al que le
debemos gran parte de lo que somos, hoy nos levantamos pensando en una misas
por su eterno descanso; de repente todo cambio, el visitante que irritaba la
piel crecía de manera despiadada, una simple picada prendió la alarma de la
familia, requiriendo los servicios de un doctor, pero como en el país ya casi
no trabaja la primera semana de enero, decidimos llamar a viejos conocidos y
amigos galenos que pudieran guiar a través de este rojizo y molesto viaje.
No nos atendió
uno, nos visitaron dos y nos recibió otro y todos con un mismo y tajante
diagnóstico, una celulitis causada por una picadura infectada a la cual hay que
atacar inmediatamente con antibióticos, medicamento muy común y económico para
tratar infecciones (bueno así era en la Venezuela bonita). Aparece una lista de
nombres como si se tratara la lista Schindler donde se leían varios
medicamentos antibióticos para atacar rápidamente la infección; comienza la
primera cruzada a través de todas las farmacias de la urbe valerana; redes
sociales y servicios de mensajería instantánea para encontrar el medicamento.
Así como se imaginan simplemente no había sino uno que otro de la lista a muy
alto precio y que no atacaba directamente al indeseado visitante de la piel. Al
fin con por lo menos una opción se dio inicio a un tratamiento efímero que nos
tranquilizó un poco, solo un poco. Al llegar la tarde de este cuarto y soleado
día de enero nos dimos cuenta que la mancha seguía en aumento y debimos llamar
a los doctores que de nuevo nos atendieron y que nos ayudaron con un tratamiento
intravenoso el cual simplemente no funcionó, tomando la decisión de llamar a
nuestra desde hace unos años corredora de seguro para ir a una clínica.
“En efecto su
póliza está activa puede disponer de ella pregunte en su clínica de preferencia
si nuestra compañía está autorizada y proceda, les recuerdo que el monto de
dicha póliza cubre doscientos cincuenta mil Bolívares y el exceso es de hasta
dos millones ochocientos” (para enero de 2017 eran 20 días de clínica). Toca
asumir el gasto pero… en efecto no hay tampoco medicamentos en las clínicas,
pero y ahora ¿qué hacemos? Lo que está haciendo todo venezolano de cualquier
estrato social, llamar amigos para ver ¿cómo se resuelve?, después de llamada y
llamada visita y visita, caímos en un centro asistencial público donde en
efecto había el antibiótico necesario para tratar al visitante, los cuales en
otrora te los entregaban (pero también los podías comprar muy económicos) con
la condición que debíamos ser hospitalizados. Pensando en nuestra salud y
previniendo daños mayores accedimos a la misma, siendo tratados de la mejor
manera, con el mayor espíritu vocacional y de servicio, no lo podemos negar
fueron muy atentos, diligentes y colaboradores, salvo alguna que otra mínima
excepción en la regla. El día que debimos estar en la misa de nuestro Carlos Silva,
nos hospitalizaron y comenzamos el combate contra el infeccioso amigo. Llegamos
a un cuarto público de 6 camas de hospital, veíamos caras de resignación
similares a las nuestras, personas acostadas, sentadas paradas, todas
pendientes de resolver sus problemas, solo pensábamos sin cesar, que ya estábamos
recibiendo nuestra propia “dosis de patria”, algunos detalles más que contar
pero se los dejamos para el día cinco.
Día cinco de
enero, primer día en nuestro nuevo cuarto, un baño público para las damas del
lugar, para todas, donde no existe papel higiénico como es costumbre en todas
partes de nuestro país y mucho menos jabón, donde el piso está siempre mojado y
su sistema de evacuación de agua está directo, en el que solo se “baja” con un “pote”
descubierto lanzándole agua desde arriba para que la gravedad ayude al
cometido; personas de mantenimiento ayudan a su limpieza pero igual siempre
está “encharcado”. Personas adultas visitan este viejo baño algunas acompañados
por sus familiares por su situación u otras simplemente se valen por sí mismas.
Condiciones totalmente insalubres pero “eso es lo que hay”, algunos hombres se
cuelan para ir a esa misma sala sanitaria sin importarles la imagen de una dama
que está pegada la puerta, otros si van a su baño que por cierto en peores
condiciones que el anteriormente descrito. Las camas del cuarto son modernas
pero ya no funcionan bien, en su gran parte eléctricas pero todas se manipulan
manualmente, en algunos casos unas sillas plásticas para los acompañantes de
las personas enfermas, donde seguramente pasarán la noche recostados a los pies
de su familiar.
Este día cinco
era el segundo de tratamiento intravenoso, el antibiótico comenzaba a recorrer
nuestras venas, y como debía ser la muy enrojecida pierna comienza a retomar su
color natural los 23 cms de diámetro de la parte afectada comienza a sanar muy
lentamente. El personal que cumple cabalmente su trabajo nos trata de manera
muy amable y respetuosa, dejándonos incluso otra cama que estaba libre para no
usar esa incomoda silla plástica para pasar no sabíamos cuantas incomodas
noches.
Nos
encontramos personas con diferentes cuadros clínicos, pero con nuestra misma situación,
la mayoría con recursos para solventar una enfermedad que podría tratarse en
casa pero que la crisis medicinal te prohíbe, que simplemente te separa de tus
hijos por unos días y que sin querer te muestra la realidad del país, nadie a
pesar de ser una institución pública habla a favor de los que dirigen nuestras
tierras, por el contrario todos hablan muy mal de ellos incluso a sabiendas que
el tratamiento que recibimos es pagado por ellos, como debería ser en un país
como cualquier otro sin distingo de raza, color o abolengo.
El día 6 de
enero, ya recibíamos la tercera dosis de medicamentos, cada 6 horas el preciado
fármaco se mezclaba en nuestra sangre mejorando cada vez más la herida y
eliminando poco a poco al malquerido visitante. Cada día sentíamos más ganas de
salir de allí, odiábamos esa única sala de baño sin ducha, puesto que está
estaba en otra sala donde no había luz, o te bañabas con una linterna, a
oscuras o simplemente dejabas la puerta abierta para ver como lo hacías. Conocimos
amigos, contamos historias, dramas, chistes y sentimos dolor ajeno, se
repetiría constantemente todos los días siguientes, los olores nauseabundos los
combatíamos con vinagre.
Era siete de
enero nada cambiaba la luz era encendida entre 5:30 am a 6:00 ya todo nos
parecía a un campo de concentración o peor aún a un hospital de guerra, eso sí
con una atención para quitarse el sombrero pero como dijimos anteriormente con
algunas excepciones que suponemos de trabajadores de la nueva camada queriendo
mostrar su autoridad dejando entrever su inexperiencia de relaciones públicas.
Ya el ocho de
enero teníamos posibilidades del Alta pero el médico tratante sugirió un día
más de antibióticos, no rechazamos la oferta, puesto que la herida no había
sanado en un 100%, se nos pedía un tratamiento oral que gracias a Dios
conseguimos a través de las redes sociales a través de una amiga; pero el
hastío era cada vez mayor y el personal que recibiría esta noche fue el que nos
pareció no tocaba al mismo son que los anteriores, esa noche la vía se dañó, ya
había pasado en ocasiones anteriores y la persona encargada de pasar el
tratamiento, de forma troglodita trató de pasarlo rápidamente infiltrando la
vena y causando dolor le apodamos “el matasano”.
Hoy nueve de
enero, esperábamos el alta, saldríamos de ese sitio de gente humilde, amable,
colaboradora pero al estilo de la guerra, nos ganamos al personal de vigilancia
a punta de galletas y arepas que llevábamos para alimentarnos, al fin apareció
la Dra. A la cual le agradecemos su dedicación, humor, solidaridad y fidelidad
al juramento hipocrático, también a los doctores amigos que siempre estuvieron
pendientes, al más joven y al más viejito conocedor de secretos y símbolos.
Nuestros amigos que se acercaron para ver irse al polizón de nuestra piel y a
la bioanalista que siempre ayudó a que todo fuera más fácil.
Hoy nueve de
enero, terminamos de recibir nuestra dosis de patria que nos dejó muy claro y le
decimos muy sinceramente y con mucho terror “o corremos
o nos encaramamos”.
René
Silva




