viernes, 27 de octubre de 2017

Y pasaron los dias. 


Días pasaron de tu infancia de felicidad, de pequeñas mentiras que disipaban tus travesuras o el gastar el dinero del “vuelto” para comprar los “vaca vieja”.  Días pasaron de tener un sueldo digno, un lugar seguro y un hospital limpio con medicamentos e insumos para atenderte a ti o a tus familiares. Días pasaron de aquella vuelta a Trujillo en la Av. Bolívar de Valera cuando la guardia nacional velaba por la seguridad de los transeúntes y el uniforme infundía el más grande respeto por quienes lo vestían, castigando con un “planazo” a quienes cruzaban por apuro o juego la vía de los ciclistas. Días pasaron cuando sacabas las sillas de tu casa para sentarte en la acera de la calle iluminada hasta altas horas de la noche para conversar con los vecinos o saludar al conocido que pasaba. Días pasaron que el mecánico compraba los repuestos y te los incluía en la mano de obra, que los anaqueles estaban abarrotados y que aunque ganara sueldo mínimo podías  comprar una casa o un carro. Días pasaron del verdadero valor de la amistad, del apego a la moral y las buenas costumbres, del servicio de darle el puesto a la mujer o a los ancianos en las busetas, el ayudar sin recibir, el correr de la viveza criolla. Pasaron los días de poder viajar de noche por las carreteras iluminadas de nuestra bella Venezuela, de pararte en cualquier sitio sin miedo, de cambiar un caucho en la madrugada en compañía de tu familia; pasaron esos días de reencuentro con tu familia, de comprar regalos para todos y para los más necesitados; cada día las lucesitas navideñas de tu casa son menos o ninguna, tus familiares se esfumaron en la búsqueda del sueño americano o porque lo quiso Dios subieron esa escalera al cielo por falta de medicamentos. Los días siguen pasando y toca abrirte un nuevo hueco en tu correa,  te faltan proteínas, te falta calor humano, te faltan muchas cosas. Los días pasan y tu instinto de supervivencia te lleva a hacer labores impensadas, te llevan al extremo a la zozobra, al “taquitaqui” del corazón cada día es mayor, aumentan los dolores de cabeza, tu ropa poco a poco se desgarra y nace un nuevo hoyo en tu zapato, la música yo no suena igual mientras los días pasan, las nuevas fronteras, el refugio y hasta otras lenguas ahora son tus metas. Los días están pasando y ya no reímos ni bailamos al son que nos gusta, lo intentas, lo buscas lo quieres pero simplemente no lo alcanzas. Tus días están pasando y solo pocos encuentran la claridad, tú en cambio no lo tienes nada claro. Al pasar los días solo te queda refugiarte en el ser supremo, en orar a Dios para que regrese la luz a tu casa, a tu trabajo o simplemente a toda tu vida. Mientras pasan tus días te pido que no desmayes, que luches, que mires al frente y trates de construir tu futuro sin dañar a nadie, rie llora, juega, baila. Aunque los días pasen el mañana se construye desde hoy, ayuda al que lo necesite, dale de comer al hambriento un poco de lo tuyo, dale agua al que tiene sed y vuelve hacer el mismo que eras antes de que pasen más días. 

René Silva

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