Y pasaron los dias.
Días pasaron
de tu infancia de felicidad, de pequeñas mentiras que disipaban tus travesuras
o el gastar el dinero del “vuelto” para comprar los “vaca vieja”. Días pasaron de tener un sueldo digno, un
lugar seguro y un hospital limpio con medicamentos e insumos para atenderte a
ti o a tus familiares. Días pasaron de aquella vuelta a Trujillo en la Av.
Bolívar de Valera cuando la guardia nacional velaba por la seguridad de los
transeúntes y el uniforme infundía el más grande respeto por quienes lo
vestían, castigando con un “planazo” a quienes cruzaban por apuro o juego la
vía de los ciclistas. Días pasaron cuando sacabas las sillas de tu casa para
sentarte en la acera de la calle iluminada hasta altas horas de la noche para
conversar con los vecinos o saludar al conocido que pasaba. Días pasaron que el
mecánico compraba los repuestos y te los incluía en la mano de obra, que los
anaqueles estaban abarrotados y que aunque ganara sueldo mínimo podías comprar una casa o un carro. Días pasaron del
verdadero valor de la amistad, del apego a la moral y las buenas costumbres,
del servicio de darle el puesto a la mujer o a los ancianos en las busetas, el
ayudar sin recibir, el correr de la viveza criolla. Pasaron los días de poder
viajar de noche por las carreteras iluminadas de nuestra bella Venezuela, de
pararte en cualquier sitio sin miedo, de cambiar un caucho en la madrugada en
compañía de tu familia; pasaron esos días de reencuentro con tu familia, de
comprar regalos para todos y para los más necesitados; cada día las lucesitas
navideñas de tu casa son menos o ninguna, tus familiares se esfumaron en la
búsqueda del sueño americano o porque lo quiso Dios subieron esa escalera al
cielo por falta de medicamentos. Los días siguen pasando y toca abrirte un
nuevo hueco en tu correa, te faltan
proteínas, te falta calor humano, te faltan muchas cosas. Los días pasan y tu
instinto de supervivencia te lleva a hacer labores impensadas, te llevan al
extremo a la zozobra, al “taquitaqui” del corazón cada día es mayor, aumentan
los dolores de cabeza, tu ropa poco a poco se desgarra y nace un nuevo hoyo en
tu zapato, la música yo no suena igual mientras los días pasan, las nuevas
fronteras, el refugio y hasta otras lenguas ahora son tus metas. Los días están
pasando y ya no reímos ni bailamos al son que nos gusta, lo intentas, lo buscas
lo quieres pero simplemente no lo alcanzas. Tus días están pasando y solo pocos
encuentran la claridad, tú en cambio no lo tienes nada claro. Al pasar los días
solo te queda refugiarte en el ser supremo, en orar a Dios para que regrese la
luz a tu casa, a tu trabajo o simplemente a toda tu vida. Mientras pasan tus
días te pido que no desmayes, que luches, que mires al frente y trates de
construir tu futuro sin dañar a nadie, rie llora, juega, baila. Aunque los días
pasen el mañana se construye desde hoy, ayuda al que lo necesite, dale de comer
al hambriento un poco de lo tuyo, dale agua al que tiene sed y vuelve hacer el
mismo que eras antes de que pasen más días.
René Silva